La inteligencia artificial ya nos dejó sin trabajo… y aún no hemos ni encendido el ordenador

Resulta muy tentador celebrar toda innovación como la panacea que solucionará las grandes carencias de la humanidad. Sin embargo, cada vez son más los informes sobre el tema que parecen empeñados en demostrarnos que toda esa aparente panacea se puede convertir, en un abrir y cerrar de ojos, en un multiplicador de desigualdad sin precedentes. …

Abr 5, 2025 - 17:47
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La inteligencia artificial ya nos dejó sin trabajo… y aún no hemos ni encendido el ordenador

IMAGE: OpenAI's DALL·E, via ChatGPT

Resulta muy tentador celebrar toda innovación como la panacea que solucionará las grandes carencias de la humanidad. Sin embargo, cada vez son más los informes sobre el tema que parecen empeñados en demostrarnos que toda esa aparente panacea se puede convertir, en un abrir y cerrar de ojos, en un multiplicador de desigualdad sin precedentes.

La estimación del Fondo Monetario Internacional (IMF) advierte que «la inteligencia artificial podría afectar a casi un 40% del empleo global«, y que podríamos enfrentarnos a una disrupción social de dimensiones inéditas. Del mismo modo, la ONU sugieren que «la inteligencia artificial podría afectar a un 40% de los empleos y acentuar la desigualdad entre países» y el World Economic Forum (WEF) afirma, entre otras cosas, que el 60% de las compañías verán transformarse su negocio en 2030, dejando muy claro que esta tecnología no solo se dispone a reconfigurar el mercado laboral, sino que lo hará de forma asimétrica, exponiendo aún más las ya profundas brechas estructurales y geopolíticas.

La desigualdad entre naciones no viene únicamente determinada por la latitud o el grado de desarrollo económico y tecnológico, sino también en gran medida por las decisiones políticas y las estrategias de inversión. Hasta la fecha, buena parte de los debates sobre inteligencia artificial en la mayoría de las las administraciones se centran más en los potenciales réditos electorales y en el espectáculo cortoplacista que en la implantación de políticas formativas y de infraestructuras adecuadas. El resultado: quienes cuentan con medios para investigar y desplegar sistemas de inteligencia artificial parece que podrán obtener mejoras de productividad significativas, mientras que los que no lo hagan verán cómo esas oportunidades de generar valor se reducen drásticamente.

¿Qué camino tomar para evitar que la inteligencia artificial se convierta en el gran factor de polarización y desigualdad del siglo XXI? Aquí van algunas modestas recomendaciones que ningún país con una mínima ambición de no excluir a sus ciudadanos debería ignorar:

  1. Fortalecer la educación y la formación continua
    La educación y el aprendizaje basados en el apalancamiento de la inteligencia artificial no pueden ser ni un lujo, ni un aderezo. Diseñar un sistema educativo que cuente con la inteligencia artificial como protagonista, proporcionando competencias digitales desde edades tempranas y programas de recualificación (reskilling y upskilling) para la población activa, es la única forma realista de no caer en la obsolescencia laboral. Cualquier razonamiento que pretenda que «la inteligencia artificial no debe entrar en la educación» es patéticamente limitado.
  2. Fomentar la transparencia y la gobernanza de los algoritmos
    La mayoría de procesos decisorios que afecten a la vida de las personas (desde la contratación laboral hasta la concesión de créditos) deben someterse a mecanismos que garanticen la explicabilidad de la inteligencia artificial y un respeto escrupuloso a la privacidad y al respeto de los derechos de las personas en la obtención de los datos. Sin esto, terminaremos creando mercados laborales, financieros y de todo tipo completamente opacos, con consecuencias que no resultan difíciles de imaginar.
  3. Incentivar la inversión en infraestructuras de datos y en acceso a Internet de alta velocidad
    No existe inteligencia artificial sin datos, y no existen datos fiables sin infraestructuras robustas que alcancen incluso los lugares más remotos. Esto resulta esencial para que la adopción de la inteligencia artificial sea justa y para evitar que se concentre en manos de unos pocos gigantes globales. Debemos disciplinarnos para recopilar los datos generados por nuestras actividades y aprender a utilizarlos para obtener algoritmos más inteligentes y potentes.
  4. Impulsar la colaboración internacional
    La inteligencia artificial no entiende de fronteras, y las consecuencias de un mal uso (o no uso) de la misma podrían, en efecto, propagar desigualdades y tensiones a escala planetaria. Se requieren entornos de diálogo y cooperación, en los que la transferencia de conocimiento y recursos forme parte de una estrategia común adecuadamente coordinada.

Implementar estas recomendaciones requiere algo tan difícil como inusual: una voluntad política firme que priorice el bienestar colectivo por encima de la mera rentabilidad electoral. Y, por supuesto, un cambio de enfoque: la inteligencia artificial no debería ser vista como un juguete de laboratorio, sino como un acelerador de desarrollo que, si no se gestiona correctamente, amenaza con llevarse por delante la estabilidad social y económica de muchos países.

Al final, la cuestión no es si la inteligencia artificial tendrá o no un impacto profundo, sino cómo organizarnos para que el mundo del futuro no sea una versión distópica e insostenible del presente. La llamada a la acción es cada vez más clara: o asumimos la necesidad de políticas audaces y visionarias o veremos cómo un puñado de países y empresas concentran todo el progreso tecnológico, mientras la mayoría se queda mirando literalmente desde la barrera.

No lo olvidemos: como digo constantemente, la tecnología no es buena ni mala en sí misma, pero puede convertirse en un problema gigantesco si renunciamos a gestionar sus efectos de manera justa y equitativa. Se nos acaba el tiempo para seguir mirando hacia otro lado y pensar que nos podremos ocupar de este tema más adelante. El momento de tomar decisiones para no quedarnos definitivamente sin trabajo ni oportunidades es precisamente ahora.